domingo, 10 de febrero de 2013

No.

Aunque me considero un hombre comprensible, con paciencia y de difícil enfado, como ya sabrá el lector habitual, hay más de una cosa que a mi me saca de mis casillas irremediablemente. Para que me quede más larga la entrada y parezca más profesional, pondré un ejemplo de esos de la vida real que tanto me gustan para que me entendáis.

 Yo: ¡Ey, tío! ¿Te acuerdas que el otro día te ayudé durante toda una tarde a cargar a mano todos los muebles tu casa kilómetros y kilómetros para tu mudanza, porque no querías pagar a unos profesionales que te lo hubieran hecho en cinco minutos? ¿Y aquella vez que salvé a tu perro de morir atropellado perdiendo la movilidad en las piernas de por vida en el proceso? Pues resulta que tengo una operación a corazón abierto mañana, mi madre está en Noruega, mi tía con la ciática y el resto de mi familia, amigos y conocidos con suficiente confianza como para pedirles algo, están en algún tipo de ridícula situación que les impide hacerme el favor que te voy a solicitar ahora. Sabes que no me gusta abusar de nuestra amistad, pero si no fuera mucho pedir ¿podrías ir a recogerme al hospital mañana tras la operación? El hospital está justo al lado de tu casa. Sólo tendrías que bajar y llevarme dos calles más arriba. Por supuesto, yo te pago la gasolina y ya te delvolveré el favor otro día. ¿Qué me dices?

El otro tío: No.

Y fin.

Vale, ahora que lo leo veo que no se entiende bien. Amigos desagradecidos tenemos todos. No me refiero a eso (aunque me apuntaré el tema para escribir una entrada en el futuro, que últimamente escribio menos que un kinki en un examen). Me refiero a la gente que con simpleza y despreocupación, te sueltan un seco "No", sin respaldar su decisión, sin decir un porqué, y se quedan tan panchos, como si con su "No" rotundo te hubieran dejado convencido y la discusión se hubiera acabado ahí.

Y claro, a mi cuando me pasa ésto pienso "¡Pero mira tú éste! ¿Por qué coño no me hace el favor que le he pedido? ¿No ve que me hace falta? ¿Que si no, no se lo pediría?". No comprendo los motivos que le impulsan a negarme, y como a estas alturas ya suelo estar mosqueado y con la curiosidad, más que picada, reventada, me obliga a escribirle un educado "¿Y eso por qué?", cuando realmente quiero decir "¿Y se puede saber en qué carajo vas a tirar tu tiempo esta vez en lugar de hacerme el puñetero favor?". ¡Ojo aquí! Que es posible que el amigo esté realmente ocupado, y no es que no quiera ayudarte, sino que le sea imposible. Yo eso lo comprendo, respeto y no me enfado por ello. Pero la cuestión es que ante un problema ajeno, tú no puedes responder con un jodido monosílabo. Pon algo como "¡Qué va! Lo siento pero es que estoy ocupado, o me duele una muela." Vamos, que puede que sean excusas, pero no quedas como un  jodido apático insensible.

Ya mi odio y desprecio infinito, viene cuando después de indagar tras el "No", preguntándoles por qué, me sueltan un tan desquiciante como estúpido y redundante "Por que no". ¿No ves que intento averiguar el motivo de tu negativa? No me puedes responder con una negativa igual de hermética, pedazo de cateto. Llegados a este punto, a veces me gusta sacar a relucir la estupidez a la que ha dirigido la conversación provocando un bucle infinito. Algo como:

- Yo: ¿Vienes mañana a la playa?
- Cateto redundante: No (Enfado creciente se origina).
- Yo: ¿Por qué?
- Cateto redundante: Porque no (Ganas de matar aparecen).
- Yo: ¿Y por qué no?
-  Cateto redundante: Porque no, y punto (Los que dicen "y punto" se merecen ácido en la cara, y no las mujeres musulmanas).
- Yo: ¿Y por qué no y punto?
- Cateto dredundante: Por que paso. (Todavía no ha entendido a dónde quiero llegar parece ser...).
- Yo: ¿Sabes que ahora mismo tengo un cuchillo en la mano? ¿Sabes qué pienso hacer con él? Ir a tu casa y empezar a asesinar lenta y macabramente a todos los miembros de tu familia hasta que me supliquen clemencia y acabe con sus vidas de una vez por todas.
- Cateto redundante: ¿Estás loco? ¿Por qué coño harías tú eso?
- Yo: ¡Ahhhm! Pues por que sí.

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