martes, 11 de diciembre de 2012

Quizá nunca leas esto. Igualmente te lo dedico.

Últimamente me acuesto muy tarde. Es por culpa de que salgo mucho de fiesta y me encanta dormir hasta las cuatro de la tarde si hace falta (ahí, fusionando el dormir con la siesta). Ese placer de estar en la cama sintiendo como el calor te arropa y no hacer nada con tu vida, es lo mejor que hay en el mundo, y si encima te has saltado dos o tres clases, ni te cuento. Pues cuando uno se queda despierto hasta las cuatro, cinco o seis de la mañana, pues tiene que buscar algo en lo que ocupar su tiempo "libre", y la verdad que no sé si es por la nostalgia o lo taciturno que me pone la noche estrellada, que me da por mirar fotos.

Veo fotos de muchos tipos. Básicamente, porque me encanta huronear, como la vecina chismosa del segundo que se asoma por la mirilla el busca del último cotilleo de la pareja de en frente, y la verdad que con el facebook lo hace maravillosamente fácil, tan fácil, que a veces tengo una sensación de saturación sentimental que ya no sé si sentirme bien, mal, melancólico, alegre o yo qué coño sé.

Al contrario que muchos jóvenes a reventar de hormonas (y otros no tan jóvenes), no suelo buscar fotos de mujeres que toman por estudio fotográfico el baño de su casa y adoptan posturas de películas porno, apoyadas contra la pared con el culo en pompa, en plan "Éste es mi culo, sí. Y con esta foto dejo claro que es menos privado de lo que te piensas". Realmente me van más las fotos que ofrecen expresiones y mensajes. La foto de una sonrisa en la playa, de un paseo por un puente o haciendo el idiota con los amigos.

Pero últimamente suelo acabar siempre en el mismo sitio, fisgoneando siempre el mismo facebook. Uno cuyas fotos me encanta. Porque rebosa tanta alegría que sale de la pantalla, te escupe en la cara y acabas pensando "Si la mitad de la gente fuera la mitad de feliz que esa mujer, este jodido mundo sería un lugar mejor". Me parece tan inocentemente feliz, que me motiva a levantarme de la cama a las seis de la mañana, teniendo clase dentro de cuatro espeluznantes horas, a encontrar un poco de inspiración y escribir.

Espero que ningún problema, ni ninguna mal nacido te robe nunca la felicidad que tan naturalmente sabes contagiar.

jueves, 6 de diciembre de 2012

Crítica: Una señal contradictoria

Pues resulta que un día, sin quererlo ni beberlo, te sorprendes a ti mismo teniendo una charla con Sara, Lola, Angustias, Rigoberta o como demonios se llame la chica que te gusta de tu clase. Tú le cuentas algún chiste que le saca la risa, y ella sorprendetemente no te habla de como su ex-novio se la metía sin vaselina, todo lo contrario, comparte contigo buenas anecdotas de algún viaje e historias locas de borrachera. Vamos, que estás hablando con ella a gusto, tan a gusto que empiezas a ser optimista y mientras disimulas como le miras las tetas piensas "Coño, pues quizá acabe follando y todo".

Todo va bien, hasta que sucede un evento que te deja patidifuso. Tú acabas de soltarle un comentario gracioso y ella mientras con una mano se tapa la cara de la risa, con la otra te propina un puñetazo en el hombro que ríete tú de las hostias que se dan los de Smack Down, y continúa riéndose como si no hubiera pasado nada. ¿Y qué haces tú ante tan fortuito evento? ¿Te enfadas? ¡Error! Porque si te enfadas luego quedas tú como un antipático. Sí, querido lector, esas son las contradicciones que rigen nuestra sociedad. Si te enfadas después de que te pegue una hostia alguien que se está riendo, el malo eres tú. Porque claro, que te peguen es una cosa super divertida y super graciosa, los boxeadores gozan de una salud exquisita gracias a la risoterapia que su profesión les aporta. Así que sigues con la conversación tranquilamente disimulando todo lo que puedes el dolor de tu brazo, pero con los cinco sentidos en alerta por si acaso se le vuelva a ir la pinza, poder esquivar el siguiente ataque.

Aceptas este hecho como un brote más de la para ti incomprensible actitud que las mujeres tienen, hasta que un día cualquiera hablando con alguna amiga, te dice que a aquella chica le gustabas.
Yo - ¿Cómo le voy a gustar? Si me pegaba cada dos por tres.

Amiga aleatoria - Serás tonto. Si una chica te pega es síntoma de que le gustas.

Y ahí queda la cosa. Como si fuera totalmente normal pegarle a la gente que te mola. ¿Por qué lo hacen? ¿Le zurrarán también a sus padres cuando llevan tiempo sin verlos? Pues en las bodas en vez de acabar llorando acabarán a tortazos limpios. Menos mal que no llegó a enamorarse de mi porque me hubiera soltado una paliza tranquilita. Si es que yo sabía que las relaciones sociales con las mujeres no siguen las leyes de la lógica, pero tampoco me podía imaginar que pegarle a alguien fuera un acto de cariño. Si al final los maltratadores sí que van a estar diciendo la verdad con eso de que la querían, lo que pasa que la querían demasiado ¿no?

¿Qué queréis que os diga? A mi eso de estar recibiendo porrazos no es que me agrade demasiado, ni aunque vayan con todo el cariño del mundo. Aunque si uno tiene que hacerlo para follar, pues vale, pero que me firmen primero un papel con la cantidad de hostias a recibir en relación a la cantidad y calidad de sexo que voy a obtener. Que no me la juego cortejando a una mujer que atiza más que el padre de Michael Jackson para luego quedarme con dolor de huevos, no señor. Y es que se nota que tratar con mujeres, es una relación amor-odio-dolor de hombro.

domingo, 25 de noviembre de 2012

Crítica Triolade

Despues de tres milenios sin publicar, se me ha aparecido un ángel que me ha dado una chispa de inspiración para escribir, un ángel en forma de tableta de chocolate.

Seguro que has estado en casa de algún amigo, charlando con tus típicas amistades, cuando de repente, sale a relucir la conversación sobre comida. ¿Por qué sé que has estado en esa situación? Esa pregunta tiene simple respuesta, los hombres sólo hablan de dos temas de conversación, comida y mujeres (se incluye el follar dentro del tema de las mujeres). Pues una cosa lleva a la otra, y sale alguien que suelta algo como:

Amigo A: A mi el chocolate me encanta.

Amigo B: ¡Joder! El chocolate negro está buenísimo.

Amigo C: ¿El negro? El blanco es el mejor.

Amigo A: Seréis hijos de Satanás... el chocolate con leche es con diferencia el más rico.

Amigo B: ¡No tenéis ni idea! El chocolate negro es una delicatessen.

Amigo C: Tú si que no te enteras de nada, subnormal.

Amigo A: ¡A mi no me hables así!

Amigo C: Te hablo como me da la gana, a ti, y a ti también.

Amigo B: ¿Cómo? ¡Ahora verás!

Y así se rompen amistades de años y años de cultivo. ¿Por qué se pelean? ¿Qué les ha pasado? ¿Cómo puedo evitar que esto me pase a mí, señor Pictures of Home? Pues para eso estoy escribiendo esto,  para mostrarte la solución definitiva al debate sobre qué chocolate es el mejor (por eso y porque tengo que hacer tiempo hasta que mis amigos vengan a buscarme para salir de fiesta).

La respuesta es muy simple, ninguno. Todos gozan de su exquisitez personal. Pero existe un tipo especial, un inovador invento que Milka ha creado para deleitar los mejores paladares chocolateros, y que supone el fin de las discusiones como la anteriormente escrita, y el acabose en cuanto a tabletas de chocolate se refiere. Ha llegado como caído del cielo para saciar nuestra hambre y favorecer la unión entre todos los chocolateros, sean del tipo que sean, el divino Triolade.

¿Y por qué es el mejor? Pues porque como su propio nombre te habrá dado a sospechar (eres un lumbreras), contiene los tres tipos de chocolate, ofreciendo una maravillosa combinacion del mejor sabor de cada uno. Con unas exactas proporciones, podemos observar como el equipo de Milka pone en nuestras manos no sólo un delicioso producto, sino que se dignaron a ofrecer una presentación que se describe, desde grométricamente trabajada, hasta trasfondística, al dividir la tableta en triángulos, a pesar de tener opciones más simples como cuadrados o rectángulos, imitando al resto de las tabletas. Un detalle innovador con el que han sabido agradar al público y que sin duda el buen gourmet no pasará por alto. Exquisita calidad tanto por dentro, como por fuera.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Crítico juegos variados

El lector asiduo al blog, sabrá que soy muchas cosas, entre las que podemos destacar, quejica, borracho, curioso, fan de los chocoflakes, enemigo número 1 de las pasas con chocolate, y alguna que otra más que no me viene ahora a la cabeza. Pero hay una gran parte de mi personalidad que no ha quedado plasmada en ninguna de las entradas que he redactado, la de jugador competitivo.
Me encanta jugar, a las cartas, juegos de mesa, juegos de agilidad, juegos deportivos, etc. Y contra más complicado de jugar, difícil de entender e intrincado reglamento, más me gusta. Pero sobretodo disfruto de la competición en todo lo que juego. No es que sea de esos que no les gusta perder ni a las chapas, sino que si se puede establecer un sistema de clasificación para poder averiguar cuál de todos los jugadores es el mejor ¿por qué no usarlo? Es un punto picante que se le añade  al juego para que la gente se esfuerce más en conseguir la victoria, como las apuestas (que también me encantan). Y por supuesto siempre se disfruta de los comentarios humillantes hacia tus rivales “¡Menuda cuerada te acabo de pegar!”, “¡Serás gitano!”, “¡Chiquito baño! No me diste ni para empezar”, “¡Mi equipo le dio un palizote al tuyo! Normal, tenéis menos fondo que una piscina de niños chicos”.
Todo lo comentado anteriormente me dispara la adrenalina, pero he de decir que no todos los juegos son tan interesantes. Por desgracia, la mayoría de la población no comparte mis gustos hacia la competición y los juegos complicados, y en muchas ocasiones me veo obligado a participar en juegos que la verdad… dejan mucho que desear. Por eso mismo, para demostrarle al mundo mi indignación, y porque todavía me quedan unas dos horas de aburrimiento en el barco, he decido hacer una lista con lo que considero que son los cinco peores juegos que ha creado el hombre. Ahí va.

5º Posición: El Risk.
Le tengo un odio especial al Risk. La gente no lo comprenderá, pero yo soy enemigo número uno de los dados. Los dados proporcionan aleatoriedad a un juego, y todo lo que es aleatoriedad se transforma en suerte, y la suerte es la antítesis de la estrategia. Por eso mismo, cuando tienes tu cañón, tus dos caballos y un par de soldados en Brasil, dispuestos a atacar a una muy mal defendida África, que cuenta con una triste infantería, se adueña de ti un morboso pensamiento imaginándote las tropas enemigas desmembradas sufriendo el yugo de tu implacable ataque. Pero rápido se te despeja esa cara de sádico macabro cuando tu rival empieza a sacar seises aniquilando todo tu ejército tirada tras tirada, dejándote con una sensación como cuando el mecánico te clava doscientos euros por cambiarle las ruedas a tu coche “Me acaban de estafar, y no puedo hacer nada para evitarlo”. Por eso mismo, el Risk doesn’t rule.
4º posición: El Uno.
Os juro que no lo entiendo ¿Qué le ve la gente al Uno? Sólo hay dos opciones tácticas en el juego, echar carta, o no echar carta, fin. Y encima es el típico juego que cuanta más gente juega, peor es el juego. Los turnos se hacen esperar infinito, tu acción depende únicamente del jugador anterior a ti, y para mayor desfachatez, después de estar cinco minutos esperando porque han cambiado el sentido del juego unas sopotocientas veces, llega uno y te tira una carta que te impide jugar tu próximo turno. Yo he jugado partidas al Uno en las que he perdido sin poder tirar ni una sola carta… deprimente.
3º Posición: El juego del siglo
El juego del siglo, es uno de los muchos regalos malísimos que me ha hecho mi madre por reyes. Se trata de un juego de mesa que mezcla el trepidante mundo de las apuestas... con preguntas sobre la historia del siglo XX. Súper interesante. Teniendo en cuenta que cuando me lo regaló tendría yo dieciséis o diecisiete años, no tenía ni idea de historia y encima era la asignatura que más odiaba en el instituto, por lo que el juego no pintaba muy allá, pero por no romperle la ilusión a mi madre me eché un par de partidas para posteriormente dejarlo aparcado encima del armario durante años. Os diré que en las partidas que me eché, salieron muchas preguntas de historia de aquella caja, pudimos haber formulado unas treinta o cuarenta preguntas en total, y sólo vi responder correctamente ¡una sola pregunta! ¿A quién se le ocurre regalarle un juego de preguntas de historia a un adolescente? Yo quería una bici, maldita sea.
2º Posición: El bingo.
Al contrario de lo que muchas señoras mayores me digan, el bingo no debería existir en este mundo. Analizadlo detenidamente, es un juego en el que la acción del jugador consiste solamente en tachar números de un cartón, y ni siquiera puedes elegir tú todos los números. Es aleatoriedad en su máximo esplendor. Más fácil y eficiente sería que todos los jugadores cogieran un único número y tiraran una única bola, o si te me vas a poner maniático con que mi método no tiene cabida para la “línea”, pues se tiran dos bolas y punto. ¿Por qué creéis que sólo van las abuelas al bingo? Porque son gente sin criterio sobre los juegos. Bueno, conozco jóvenes que van al bingo antes de salir de fiesta, pero eso es porque las copas están baratas.
1º Posición, el juego más odiado es… El cinquillo
Una amiga me dio un consejo sobre escritura una vez, me dijo que intentara no usar palabrotas porque rompen un poco al lector. Mucha razón tenía, pero me siento incapaz de no insultar al cinquillo, o sea que siento que no vaya a quedar un texto fácilmente digerible. Este juego es una puta mierda. Es una basura, y por desgracia, es el juego favorito de mi familia. En todas las reuniones familiares aparece mi tía con una baraja diciendo “¿Quién se echa un cinquillito?” Así, con diminutivo para que suene como más divertido o qué sé yo. Y lo que me sorprende es que la gente acude a su llamada, “¡Qué bueno!”, “Pues tengo ganas de cinquillo” dicen mientras yo los miro con desaprobación. Es como el Uno, pero peor, porque tu mano es la misma desde el principio, ni siquiera puedes robar nuevas cartas. Como te toque póquer de reyes y unos, despídete de la victoria. Es el único juego que entre aburrirse el resto de la eternidad flotando en la nada absoluta, y jugar al cinquillo, prefiero la opción A. Creador del cinquillo, suicídese por todo el mal que ha proporcionado a este mundo, por favor.

domingo, 26 de agosto de 2012

Vuelta a las críticas

Con la gran desfachatez que poseen los grandes timadores (que no son otros que los que están amparados por la ley) observamos un suceso estos días, que es algo así como cuando un amigo te intenta encasquetar la amiga fea de la mujer que se quiere follar. Viene, y te suelta con descaro, una retahíla de positivimos totalmente inventados sobre la marcha ¡que ni el mismo se cree! para cargarte el muerto. Te suelta algo como:

Amigo encasquetador: ¡Ey! ¡Tío! Mira que pibón te acabo de conseguir pa ti

Tú, el pringao: ¿A qué piba te refieres? ¿A esa? - dices con cara de extrañado

Amigo encasquetador: ¡Sí! ¡Tío! ¡Está buenísima!- responde tu colega con sospechosa alegría

Tú, el pringao: ¿Te refieres a esa que tiene pinta quee nos ganaría en una pelea callejera a ti y a mi juntos?

Amigo encasquetador: ¡Claro! ¡Tío! Es campeona de culturismo del barrio de Añaza ¡Deportista como tú! Muy simpática cuando no sufre los efectos de los esteroides ¡y si tienes que empujar el coche porque no te arranca te puede ayudar! Además, me dijo su amiga que es de follar la misma noche.

Tú, el pringao: No me sorprende en absoluto, si espera que le vaya a la casa con un ramos de flores la lleva clara

Amigo encasquetador: ¡Claro! ¡Tío! ¡Es un pibonazo! ¡Hoy follas! - y te deja caer la mano sobre el hombro, dándote un leñazo lo suficientemente fuerte para crear cierta confusión en ti, para que cuando se te haya pasado el efecto del golpe, te encuentres perreando con ciento dos kilos de puro músculo que se hacen llamar, Jenny, Powerfit Jenny para lo amigos.

Varias preguntas te atacan inevitablemente en ese momento ¿Qué tipo de estafa intenta colarme? ¿Realmente piensa que me la va a hacer? ¿Se cree el mismo lo que está diciendo? ¿Y por qué repite tanto la palabra tío? Es una coletilla bastante odiosa...


Pues ese intento barato de estafa ruín y pendenciera, me parece igual de hipócrita que el hecho que voy a criticar con la siguiente entrada, las campañas de vuelta al cole. No sé por qué, en todas las campañas de La vuelta al cole, se ve un niño, muy, muy contento, con una mochila, nuevecita recién comprada, y con una sonrisa de "¡Qué guay! ¡Vuelvo al cole!" ... ... ... ... A ver... ... ... ¿Cómo lo explico? ... Uhm ... ... Vale, vale. ¿Alguna vez habéis visto algún adulto decir "¡Qué chupi! Mañana se me acaban las vacaciones y vuelvo a entrar a las siete de la mañana a trabajar de reponedor en el mercachona ¡Ardo en deseos de volver al curro!" Claro que no, porque, primeramente, la época en la que la gente decía chupi, pasó de moda (por desgracia), y a nadie le gusta volver a la rutina del alienante trabajo. A la gente le gusta estar en su casa echados, sin hacer nada, y no contribuir absolutamente nada con la sociedad. En el fondo de nuestro ser, todos anelamos ser un parásito social, no hacer nada y que nos lo den todo hecho. Por eso mismo nos encantan las vacaciones, porque la única responsabilidad que tienes es la de no morir de inanición, y ya está. No hacer nada está guapísimo. Y que conste que para eso son las vacaciones, queridos madres y padres, para NO HACER NADA. No se dejen engañar por aquellos anuncios de la tele que cantaban "vacaciones, santillana", lo que quieren es que les compres un cuadernillo demoníaco para que vuestro hijo emule las actividades del colegio durante las vacaciones, y eso es un claro...



(No puedo poner la imagen más grande, pero espero que se comprenda el mensaje)

Pero claro, el populacho a la hora de vaguear no es tan idiota como a la hora de elegir líder político. A los chavales no los van a engañar con una vulgar valla del carrefour que muestra un chaval supercontento por volver al cole estampado en ella. Si por lo menos pudieran poner alguna colegiala sexy en minifalda junto a una profesora buenorra, pues se granjearían fácilmente al público masculino de los institutos en plena pubertad, pero como también lo hacen para niños pequeños, y según recuerdo el refrán de mi infancia "Tomate, lechuga, las chicas pa la basura", a los niños de primaria, no les atraen todavía las mujeres, pues entonces, emplean este tipo de estrategia de marketing:


 No criticaré a la chica anime, porque ha sido la primera foto que tranqué en google, o sea que no me molesté en indagar demasiado. Vayamos a lo importante, punto por punto.

1º Desconozco, totalmente, cuál es la barrera mágica y misteriosa, a la que se refiere el primer punto, que te impide quedar con tus amigos durante las vacaciones. No lo entiendo. Yo simplemente cogía el teléfono de mi casa, llamaba a un par de amigos y nos íbamos todos al parque a llenarnos de mierda jugando a fútbol, igualito que los niños esos de los anuncios de detergentes. ¡Es más! Es mucho mejor quedar con tus amigos en vacaciones que en el colegio ¿Por qué? Pues porque eliges con qué amigos quieres quedar. No tienes que estar aguantando las historias del pesado de la clase, esquivando las collejas del abusón de turno o teniendo que hacer la tarea que te manda la típica profesora amargada y gritona.

2º Aprender miles de cosas nuevas, bien. Soy partidario cien por cien, del descubrimiento de los maravillosos caminos de las diferentes ciencias y del saber en general. Pero, vamos a ser sinceros. El noventa por ciento de las cosas que aprendimos durante nuestra etapa de estudios obligatorios, no sirvió para nada. Pensad en cuántas divisiones de cuatro cifras hicisteis, cuántas oraciones analizasteis sintácticamente o la de veces que calculasteis a cuantos metros cae una piedra que se lanza a no sé cuántos metros por segundo. Pues me juego una mano a que ninguno de vosotros sabe actualmente dividir si quiera por dos cifras, analizar sintácticamente, y ¿a quién demonios le importa donde caiga la piedra? Por favor, es una maldita piedra, hay infinitas por el suelo ¿Qué pasa? ¿Que era una piedra muy importante? ¿Tenía un gran valor sentimental? ¿Entonces por qué coño la tiras? No tiene ningún sentido...

3º Nuevos retos y campeonatos por ganar. Éste me lo han puesto fácil, fácil.Si lo que quieres es tener metas y retos constantes en tu vida, porque te gusta la adrenalina o la satisfacción de conseguir cosas, te compras la Playstation 3 con cualquier videojuego, y te pones a pasártelo y a conseguir todos los logros.

4º Éste, me parece el argumento más flojo de todos. Señal de que estás creciendo... Ahm, claro, porque los veinte centímetros que he crecido al pegar el estirón este verano no significan nada si no avanzo de curso ¿no? Si seguimos esta lógica ¿los repetidores no crecen? ¿Y los que repiten mucho? ¿Se acaban convirtiendo en Hobbits? Si es que mi abuela en vez de decirme cuando me agarra el cachete"¡Ay, que alto estás!", ahora me suelta "¡Ay, pero si ya sabes lo que es el conjunto vacío! Eres todo un hombretón. Toma una albóndiga para ti"

 

5º Jugar el 100% de los recreos. ¿En serio? Te intentan vender la enfermedad, diciéndote que la medicina es maravillosa. Voy a poner un par de analogías para ver si consigo trasmitiros lo estúpido que veo este argumento.

- ¡Apúntate en nuestro equipo de fútbol! ¡Los descansos entre parte y parte están guapísimos!
- Trabaje como encofrador para nosotros, tenemos un bar maravilloso al lado de la carpintería para que vaya a desayunar.
- ¿Noche de sexo loca hoy, cari? Nos lo pasaremos genial en los parones entre polvo y polvo.

El recreo es para descansar de la clases, no me puedes intentar vender las clases colándome el recreo, no tiene sentido. Además, que las vacaciones son un recreo constante ¿Por qué sacrificaría yo mi infinito recreo diario por uno de veinte minutos, envuelto en soporíferas clases? Lo siento, pero no.

Me he deprimido con tanta vuelta al cole, y es que encima tengo exámenes en septiembre para los que no he dado palo al agua. Me espera una buena. Creo que no me gusta ningún tipo de vuelta a nada, a la gente no le gusta romper su monotonía y tranquilidad. Bueno, excepto la vuelta ciclista a España, no tengo nada en contra de ella. Mentira, me acabo de acordar de que quitaban los dibujos en la 2 al mediodía para retransmitir la vuelta ciclista. Muerte también a la vuelta ciclista. Al menos ésta no me la restriega el corte inglés por la cara a cada rato...

domingo, 8 de julio de 2012

Crítica los yogures de hoy en día

Me sorprende muchísimo los nuevos inventos de hoy en día. No me refiero a las gilipolleces en plan la Batamanta, los típicos succionadores de cera de oídos o un depilanarices. No, señor. El avance tecnológico absurdo ha existido toda la vida, y mientras sigan habiendo incautos e ingenuidad entre la raza humana, seguirán estando ahí. Me refiero a lo que provocan esos expertos en marketing y comercio que insultan la inteligencia del ciudadano medio (y con razón), reinventando productos ya existentes y vendiéndolos como si de la misma panacea se tratara.

Si queréis que os quede claro de lo que estoy hablando, sólo tenéis que mirar los yogures de vuestra nevera y fijaros en el engañabobos del siglo XXI (todo el mundo pensaba que los informáticos sustituirían a los mecánicos, pero los auténticos estafadores son Danone y competencia). Por cierto, si sois jóvenes estudiantes viviendo fuera de casa es posible que no funcione el experimento.

Podréis encontrar sabores que se pasan la barrera de lo hilarante, y empezarte a preguntar quién demonios compra yogures con sabor pastel de manzana, higo, guaraná y durazno, ciruelas pasas, papaya... (pues en teoría estás mirando tu nevera, o sea que la pregunta de quién los compra tiene fácil solución). Pero lo que más me intriga es sus efectos super positivos y super necesarios en nuestro organismo. Si os fijáis en la publicidad de estos elixires nos prometen desde reducir nuestro colesterol, hasta una vida gastrointestinal sana más absorbente que el papel de baño, sin olvidarnos de reforzar nuestras defensas antes de hacer lo que todo el mundo hace una mañana de invierno lluviosa, tirarse en un sucio charco de barro lleno de malvadas bacterias deseosas de atacarnos (mi día a día). Nos cuentan todo ello usando unas palabras muy muy técnicas de las que no habíamos oído hablar anteriormente en toda nuestra vida, pero que suenen muy científicas, desafiando la ignorancia del televidente incluso. Podemos ver como ejemplo los ya muy famosos Bífidus Activo, Actiregularis, L-casei inmunitas, etc. a los que debemos estar eternamente agradecidos por proporcionarnos una vida sana y energética. ¿Por qué le dieron el premio Nobel de la Paz a Obama pudiendo dárselo a esta gente?

Y la cosa no se queda aquí, porque no sólo nos ayudan a soportar todo nuestro día a día, sino que encima también son 0% grasas, todo pensado para que esa madre de dos hijos, que siempre tienen la fea costumbre de llenarse de mierda la ropa, exitosa contable de una multinacional que la explota, pero aún así, disfruta de su trabajo, y que sigue quedando con sus amigas para charlar cuatro veces por semana en el bar habitual desde que entraron juntas en la "facul", no tenga que perder ni un sólo segundo en ir al gimnasio para recuperar su esbelta y prominente figura. Maravillosos productos ideales para personas que quieren tener tanta materia grasa como materia gris.

domingo, 1 de julio de 2012

Crítica My Fair Lady el musical

El viernes 29, tuve la suerte de sufrir un importunio y acabar cuidando a mi abuelo que tenía que asistir al auditorio de Tenerife a ver el musical que protagoniza Paloma San Basilio de My Fair Lady. El hombre está ya mayor y enfermo, por lo que necesita compañía casi completa para casi todo el día, y durante el musical, yo fui esa compañía. Los prejuicios que albergo en mi interior, como todo ser humano, me hicieron al principio reacio. a pasarme las aproximadamente dos horas viendo el musical, pero como el plan alternativo era volver a mi casa en guagua y jugar al Diablo 3, pues decidí quedarme e intentar disfrutar del espectacula. El esfuerzo que hice en el intento del disfrute, he de decir que fue prácticamente inexistente, y no consiguiera entretenerme con la obra, todo lo contrario, me cautivo sobremanera.

Me gustaría tener un mayor conocimiento en el mundo de la música y la teatralidad para poder juzgar con mayor rigor, pero me temo que este ha sido el primer musical que he asistido, y mi crítica carece del suficiente criterio como para sacarla del mundo de la opinión mundana. Como tampoco se ha de tomar muy en serio nada de lo que escribo, continuo con la crítica a pesar de los impedimentos.

Aún a pesar de que la historia me pareciera poco original, tampoco hay que dictaminar la setencia fijándonos demasiado en este punto, puesto que el ahora clásico y predecible argumento que tiene My Fair Lady, fue en su época original y sorprendente, por lo que podríamos considerar un halago que haya durado casi sesenta años sin apenas perturbación. Centrémonos mejor en la actuación de sus personajes. Lo que realmente cautiva y engancha al espectador incauto como yo, son las coreografías y canciones de la obra. Paloma San Basilio, fue sin duda esa cantante de gran voz de la que te suena su nombre, aunque no sepas decir ni uno de sus temas. Yo (una persona que una vez más te repite que no tiene el suficiente conocimiento musical), te lo garantizo. Me encontraba tan sumergido en la representación que cuando llegó el inesperado descanso entre los dos actos que componen la obra, mi cara expresaba algo parecido a como cuando te dejan un polvo a la mitad "¿Ya? ¿Cuando continúa esto? ¿Veinte minutos de descanso? ¡Venga hombre! ¡Poned a currar a esos esclavos que tenéis de actores que pierdo el ritmo!"

Los personajes consiguen esas excentricidad y melodramatismo que sólamente queda natural en el teatro a carne viva, llegando incluso a conseguir la personificación de uno mismo, como me pasó a mi con Higgins, el eminente profesor de fonética, pero inculto en los laberintos amorosos con las mujeres, y con el padre de la protagonista, Alfred P. Doolitlle, el gran filósofo y moralista cajero, a la par que cliente habitual de la cantina donde se emborracha día tras día. La profesionalidad del reparto me pareció sorprendetemente eficaz, sobretodo con el vestuario y cambios de escenario. Puedo estar poco acostumbrado al mundillo, pero mi cautiverio por la obra fue completo.

Todo piropo a la obra es poco cuando llego al punto fuerte, la puesta en escena y la música. Lo que realmente me dejó la piel de gallina. Sin duda, la acústica única que tiene el auditorio de Tenerife, contribuyó a dejarme pasmado, pero los actores que cantaban gozaban de una voz de gran presencia y porte, entre los que destaca a mi pensar, el actor que encarna a Freddy Eynsford-Hill, el enamorado de la protagonista, Eliza Doolitlle, que tristemente la obra deja sin final. El único punto que me hace mostrar una mueca de ligera indignación.

Carismática, impactante y divertida en más de una ocasión. Si tienes los treinta euros que cuesta una entrada alejada, merece la pena que vayas a disfrutar de una buena tarde degustando la obra, y si te sobran cuarenta y cinco, creo que la diferencia de quince euros que supone sentarse atrás o alante, merece la pena, la verdad. Deja que la buena música te golpee la cara.