jueves, 8 de marzo de 2012

Comiendo en pareja


Hay muchas cosas que resaltan en la vida cotidiana de una persona dignas de estudio sociológico, pero como este blog estudia básicamente gilipolleces, como su propio nombre indica, y yo no soy ningún sociólogo sino un tío escribiendo balbuceos, pues voy a tratar un hecho que me llama la atención y que seguro a más de uno le ha quitado más de una hora de sueño. Me refiero a los desacuerdos, más comúnmente a los desacuerdos con tu pareja, más específicamente un tipo de desacuerdo en especial que comentaré a continuación.

(Una vez más no puedo meter contenido ni palabras sexuales en el blog, sin evitar categorizarlo para adultos, cosa que no quiero. O sea que mediante el uso de la disimulada metáfora, el lector podrá disfrutar del escrito y captar la misma idea, sin apenas darse cuenta de la diferencia).

La disputa susodicha se debe a una descoordinación del espacio tiempo entre ambos miembros de la pareja. A ver, pongo un ejemplo para explicarme. La pareja se encuentra en uno de esos momentos en los que disfruta del placer típico de... … … un tazón de leche con cereales, eso es. Suele suceder normalmente durante... la hora del desayuno (aunque la práctica en cuestión puede darse a cualquier hora del día) y todo empieza cuando el chico, pues acaba su tazón de cereales antes que su acompañante femenina. A lo que esta le dice “¿Ya está? ¿acabaste? ¿en serio? ¿eso es todo?” A ver, lo primero. Yo quiero dejar constancia que yo mismo por ejemplo, como sujeto masculino al azar, disfruto mucho más con un tazón de cereales enorme que me dure horas y horas si hace falta, que con un tazón que apenas es un piscolabis. Yo, soy el primero que se queda con hambre en esta situación, aunque haya agotado toda mi leche (¿se puede clasificar esto como metáfora? Equisdé). Pero muchas no lo entienden, lo tachan de egoísmo y se acaban enfadando, de ahí se va generando un malestar, que como todo problema parejil, pues se guarda en el armario pero que lejos de quedar inmutable, va aumentando como si de una bola de nieve rodante se tratara, y tarde o temprano amigo lector, chocará contra ti, justo cuando menos te lo esperes.

Sin duda, y fíjate tú, que a mi también se me ha dado la situación inversa. Una vez más estamos los dos juntitos, felices y disfrutando de nuestra comida mutua, y es mi compañera quien esta vez parece que ha acabado con su tazón de cereales antes que yo. ¿Y qué pasa en esta situación? ¿Se trata de una mujer comprensiva? Ella se quejaba de que no terminábamos de “comer” a la vez ¿Hará el favor de aguantar un poco más a que yo termine mi parte? ¡Pues no señor! Se comporta como el perro del hortelano, que ni come ni deja comer. “Yo ya acabé, acaba tú solo si quieres” ¡Menuda hipócrita! ¡Maldita sea la hora! Yo puedo comer cereales en mi casa solo, mientras veo porno delante del ordenador siempre que me de la gana, no me apetece terminármelos por mi mismo. ¿Pero qué puedes hacer? pues sólo te queda de una colega. Ahí, con mucho tacto y disimulo, vas y le sueltas algo en plan La pregunta del millón: “Mira, y si... en vez de terminar yo solo... te comes tú todo lo que te doy? (guiño de ojo)” (Un consejo os voy a dar. A no ser que tengáis mucha confianza y vayáis de sobrados, no uséis comentarios tan bastos como este a la hora de pedir sexo oral. En general, no hagáis caso a lo que escribo, os aseguro que yo de esto no tengo ni pajolera idea).

Total, puede que la chavala acceda, puede que no. Si habéis tenido la suerte o la buena puntería de elegir una mujer enrollada, puede que acceda a comerse toda/s tu/s parte/s, pero una cosa os digo, y este consejo sí es mejor que lo tengáis en cuenta ¡estad seguros de donde derramaréis la leche!

sábado, 11 de febrero de 2012

CCAVM vs amanecer

El otro día al volver de fiesta a eso de las seis de la mañana, yo me encontraba sorprendentemente bien para ser la típica noche de salir, beber, el rollo de siempre... Volvía a mi casa junto con una amiga mía agradable a la vista, pero por la que los años de sólo amistad habían hecho que guardara poca o ninguna intención de intentar ligármela (de estas mujeres que me dice “Ven y fóllame” y voy me la follo, pero que si me dice “Ven y lígame”, pues paso). Al llegar a mi cuarto, en vez de dejarme caer borracho y vestido en la cama como tantas veces atrás he hecho, cogí el portátil y me puse a ver un capítulo de “Cómo conocí a vuestra madre” a modo de pastilla contra el insomnio. Mi amiga sorprendida por mi actitud me dijo:

- ¡Ey! Va a salir el Sol ¿qué haces en el ordenador cuando puedes ver el amanecer?

- Estoy cansado, me apetece ver un capítulo antes de dormir.

- Estás enganchado al ordenador, no lo dejas ni para ver el amanecer. – Dijo con cierto tono de desprecio en su voz, antes de retirarse.

Pensad detenidamente la situación. He una reprimenda debido a que mi amiga pensaba que quedarme sentado en el ordenador es una perdida de tiempo pudiendo aprovechar la belleza infinita que ofrece el Sol saliendo por tras el horizonte. Bien. ¿Qué insinuaba? ¿merece más la pena ver el amanecer que CCAVM? Analizemos...

Primero, a mi la gente que actúa como si poseyera un artista interior oculto a explotar, pues me repatea. Y me molesta no por su actitud de buscar la belleza idílica en la artificialidad de una bolsa de plástico revoloteando por le aire, o por admirar la composición artística suburbana de una foto de un skater en sepia. No, puedo lidiar con todo esto. Lo que me molesta es que critiques mi actitud de ver la tele plácidamente, en vez de ponerme a pintar cuadros, tocar el oboe o ver el jodido amanecer.

Si quiero tirar mi vida a la basura, es cosa mía oye. No todos podemos ser artistas y sobresalir entre la muchedumbre, puesto que la generalidad nos transformaría en un nuevo populacho, pero que en vez de ver Padre de Familia, ir al fútbol o masturbarnos viendo porno, dedicaríamos nuestra vida a ver documentales de la 2, ir a museos o masturbarnos escuchando ópera (¿os lo imagináis? Nos masturbaríamos pensando en las cantantes gord@s, menuda población de degenerados seríamos...), actividades artísticas que tampoco aportaría nada a nuestra realización personal.

¿Y qué tiene de malo ver una serie mientras sale el Sol? ¿Que es más bonito el amanecer? pues sí oye, no te lo niego, pero ni el Sol es tan gracioso como Marshall, ni tan crack como Barney (Ted no sé porqué no ha sido despedido todavía, aunque la serie se llame “Cómo vivían mis colegas antes de que conociera a tu madre y mi aburrida vida se fuera al carajo”), o sea que si quiere aumentar su audiencia que empieze a currarse el guion un poquito, que lleva millones de años con la misma actuación. Si por otra parte se trata de una cuestión de exclusividad, el Sol ha salido más veces que capítulos tiene cualquier serie de televisión, eso seguro, o sea que más le vale también cambiar de horario, que salga una vez al mes y se haga un poco el difícil, porque si lo tengo ahí todos los días, pues es como los simpsons, si no lo veo hoy, pues ya lo veré mañana...

Aparte que pensadlo detenidamente, si el Sol es tan brillante, será por algo. Quizá le molesta que estén mirándolo, será un tío tímido, o yo qué sé. La naturaleza no nos brindó la capacidad de mirar al Sol, y dicen que la naturaleza es sabia, aunque también dicen “a quien madruga Dios la ayuda” y si madrugas lo único que te va a pasar es que te vas a morir de sueño, colega...

martes, 31 de enero de 2012

Escrito 0% materia grasa


¿Os habéis dado cuenta que la sociedad está como metrosexualizándose? A mi el ir de modernito y ponerme cremas me la trae un poco al pairo, pero existe un suceso que más que inquietarme, me molesta un poco, principalmente porque me afecta. Y esto no es como ver a un tío por la calle con su polito rosa apretado y un peinado que parece Paul el del Tekken (algunos tendrán una concretera en el cuarto para poder conseguir esos peinados kilométricos que se hacen), que no le hace daño a nadie, no señor, esto me afecta de verdad y es un asunto muy serio. Porque a mi no me importa que la gente se metrosexualize con la ropa, las cremas, el cuerpo o lo que demonios quieran, ¡pero la comida me la dejan tranquilita!

Sí, sí, no exagero un pelo ¿qué es eso que ahora todo viene sin azucares añadidos, cero por ciento materia grasa, sin colorantes, sin conservantes, sin gluten, etc.? Señor empresario, le diré una cosa, los azucares añadidos y el resto de ingredientes químicos que usted ha decido eliminar de su producto, estaban todos buenísimos, y eran lo que hacía que su producto se vendiera como el hachís a la puerta de un centro de desintoxicación.

No me venga ahora con “¡Renovamos receta con menos cacao, más leche y el sabor de siempre!” con la foto al lado de niño con una hipócrita sonrisa, falseada por el dinero que debieron de pagarle para que prestara su cara para el anuncio, que como dijo mi ex-novia cuando practicábamos sexo oral, no me lo trago. Si la cantidad de ingredientes varía, cambia también el sabor, o sea que no intente timarme con su publicidad engañosa. Bajo el mismo argumento que me apoyo anteriormente, le diré es que no es lo mismo los refrescos normales con todo su maravilloso azúcar y sabor, que los refrescos light o zero, y ni siquiera me atrevería a catalogar como bebida potable ese veneno inmundo que trata de venderme como refresco sin burbujas, no insulte mi inteligencia por favor.

En el caso de los refrescos, pues tampoco me enfado tanto porque se mantienen los productos originales, y charlo con mis amigos que comparten el infinito desprecio hacia los nuevos “alimentos” light que sacan al mercado, pero pido por favor que no me cambien las recetas de las cosas. Norma: Lanzar nuevos productos sí, cambiar los antiguos no. ¿Por qué tengo yo que sufrir por la gente que quiere adelgazar en este mundo? ¡Al cuerno con ellos! Si quieren tener un cuerpo diez, que se fastidien y que no coman, ya se verán recompensados luego cuando liguen con la cantidad de mujeres y/u hombres que atraerán con su esbelta figura. Pero a nosotros, los desgraciados que nos regocijamos en el placer de la comida y no gozamos de guapura o un gran sex appeal, no nos robe la felicidad que conseguimos con la comida basura e insana, para darle un sucedáneo light a los desgraciados que miramos así ¬¬ por la calle mientras lucen su look casual-alternativo-moderno-gay.

domingo, 15 de enero de 2012

Chorranálisis: Anuncio chiquilín


Me encontraba viendo la tele el otro día, cuando vi un anuncio que me llamó la atención. Evidentemente es el anuncio que he puesto debajo (¿para qué iba a estar ahí si no?), y me llamó la atención precisamente por el reflejo de la realidad tan cruel, víscero y duro que el mismo ofrece. ¿Habéis visto el vídeo? ¿Y pensáis que exagero acaso? Atentos que ahora os lo explico.




Analizemos el vídeo. Primero un niño pequeño entra por la puerta de su casa con alegría y pasividad fingida, como si no pasara nada, ocultando un nerviosismo que deriba de una mentira oculta que le desgarra la conciencia en su interior, pero eso es más adelante, no nos adelantemos. La supuesta madre del niño le pregunta si tiene los artículos de la compra que le ha pedido que traiga del supermercado, el chaval como nota que su perfecto y espléndido plan de no comprar una mierda y quedarse con el dinero tiene algunos ligeros fallos, con un guiño aparentemente inocente, decide buscar como compinche a su hermano pequeño para no pagar el pato solo, encima de estafador, mal hermano...

Y es que hemos criticado al chaval ¿pero qué hay de la madre? Os lo diré yo, esa familia se cae a pedazos, la madre es otra que trae tela. Si avanzáis más adelante veréis como el niño intenta metérsela doblada a la madre con la engañifa de que todo lo que le había pedido que trajera, son las galletas chiquilín. ¿Cómo reaccionaría una madre normal ante este suceso? Mosqueo serio y sermón reglamentario ¿pero cómo reacciona la madre del chaval? Se ríe, y he ahí el quid de la cuestión. Esa madre está enfadada, eso es innegable, el niño le ha mentido en la cara y se ha creído que es tonta o algo, entonces ¿por qué se ríe? Pues querido lector, esa sonrisa es la calma que precede a la tormenta. Justo después de que se corte el vídeo la madre le arrea un guantazo al chiquillo y le dice que ya puede estar tirando al supermercado o le vuelve a meter una ostia que lo viste de torero.

¿Y no habéis caído para qué quería el niño el dinero? Drogas, contrabando de armas, prostitución... cualquiera sabe. ¿Pero cómo es que los de cuétara han dejado pasar tan sórdido anuncio por televisión? Pues porque al final tiene un mensaje positivo para ellos, no importa cuan desgraciado seas o jodido estés en la vida, que siempre te quedarán unas galletas chiquilín para mitigar el dolor del guantazo de una madre.

domingo, 4 de diciembre de 2011

Cadena de imitaciones


Desde los principios de la sociedad humana, la misma se ha dividido en sub-grupos más pequeños, conformados normalmente por gente de los mismos gustos, manera de pensar o por cualquier otro tipo de similitud. Paradójicamente, dentro de cada uno de estos sub-grupos podemos hallar personas con personalidades totalmente diferentes entre si. No tienes más que mirar a tu grupo de amigos. Los estereotipos más comunes suelen ser: el tonto, el listo, el friki, el kinki, el pijo, el guarro, el escrupuloso, el tímido con las pibitas, el matador que se las lleva a todas... podría rellenar esta entrada sólo nombres de estereotipos de personas (Mira que catalogamos a la gente...), pero no es ahí donde quiero llegar. Lo que quiero resaltar de todo esto, es un estereotipo, concretamente: El sabiondo.

No me refiero a sabiendo como inteligente (fijaos que "el listo" lo he puesto a parte), me refiero al sabiendo como el típico tío que es un cortalotes y cree que siempre está en lo correcto. Pero oye, no lo estoy criticando (al menos no mucho), reitero que puede estar dentro de tu grupo social igual que en el mío. El tío es muy simpático, pero tiene ese nosequé que piensa que lleva la razón siempre.

Pues una vez tenemos al sujeto en mente, situémoslo en tiempo y lugar. A principios de la revolución industrial, surge algo que nunca se había visto hasta entonces, la clase media. Éste tipo de gente podía costearse ciertos lujos y disponían de algún tiempo libre, por lo que la gente empezó a preocuparse por algo más que traer un plato de comida a la mesa. Debido a ello,comienza el declive de esa cruel y espantosa época en la que a la gente se le discriminaba según su nacimiento, y empieza a surgir la maravillosa y bondadosa época en la que a la gente se le discrimina según el dinero que tenga.

Establecido ya un punto en la línea temporal, imaginaos que nuestro sujeto se haya en cualquier ciudad del mundo y pertenece a esos nuevos privilegiados de clase media. Nuestro amigo el sabiondo, saca a relucir uno de los comportamientos básicos de su naturaleza humana, y con ese nuevo dinero que le sobra en sus bolsillos, decide aparentar que pertenece a una clase social más elevada aún. Desprestigiando sus orígenes humildes realiza un cambio de look, el que provoca un choque a la vista de sus amigos. Los hechos de este peculiar evento suceden de la siguiente manera:

Amigo a: ¿Y esas pintas?
Sabiondo: Es mi ropa nueva. Está guapa.
Amiga b: Bueno eso de guapa es relativo.
Sabiondo: Tú no tienes ni idea. Esta ropa está guapísima. A las pibitas les encantan los tíos bien cuidados. Hoy follo seguro.
Amiga a: ¿En serio?
Sabiondo: ¡Pues claro! Tú inténtalo para que veas.
Amigo b: Quizá tenga razón
Amigo a: Por probar no pasa nada
Sabiondo: ¡Claro que sí! Yo voy contigo y te digo lo que te tienes que comprar para lucir bien.

Así amigos, nuestro protagonista ha plantado la semilla de lo que en un futuro será conocido como la moda, ese movimiento en el que 4 sabiondos le dictan al resto lo que tienen que hacer...

martes, 22 de noviembre de 2011

Pre-parados


Habéis notado algo raro ¿verdad? Leísteis el título y pensasteis “Aquí hay gato encerrado. No me fío del guión ese” En efecto, sois unos linces. No proviene del verbo preparar, como todo el mundo pensaría, realmente se trata de una palabra compuesta por un prefijo (pre-) y un nombre común (parado), que como sabréis se utiliza para definir a la gente que está en paro o al típico tío del instituto que no era muy avispado. Nosotros nos quedaremos con la primera definición. Pero dejemos la clase de morfología para otra ocasión y vamos a lo que interesa. A lo que hago referencia cuando digo “Pre-parados”, es a la situación universitaria actual (y atentos que digo universitaria, no laboral. Paso de hablar de la crisis que seguro que es un tema con el que ya os han comido la cabeza demasiado), a que memoricéis las caras de vuestros colegas de clase, porque los vais a ver mucho en la cola del paro cuando os graduéis.

Hemos de aceptarlo, los universitarios somos futuros parados, pero por todos los dioses ¡estoy más que harto de oírlo! No tienen porqué recordármelo cada día que voy a clase. A lo mejor nos lo dicen para que no se nos olvidemos del problema, para que no nos coja el toro. Ahora en serio ¿Queda alguien realmente que no sepa que estamos en crisis? ¿Creen he vivido en una cueva encerrado todo este tiempo, que no veo las noticias? Un ejemplo, imaginaos que conocéis a un niño con cáncer ¿Le recordaríais que el cáncer es mortal y que se va a morir todos los días de su vida? ¡Pues es lo mismo!

Encima si lo pensáis detenidamente, los que más te lo dicen son tus propios profesores ¿esa gente es tonta o qué? ¿no saben de marketing acaso? le están diciendo a la gente que les paga el sueldo que no merece la pena estudiar que no van a conseguir nada haciéndolo. A ver ¿Qué pretendes? ¿Que deje los estudios y que te quedes sin trabajo? Volved a imaginar al niño con cáncer del ejemplo anterior, ahora va tranquilamente a aplicarse su sesión de quimioterapia. Va el chico muy tranquilo con sus ilusiones de que algún día va a tener una vida normal y saldrá a jugar al parque con los demás niños, cuando el médico le suelta “Chaval, la verdad es que no sé porqué te das quimio, si esto curarte, lo que es curarte, pues no lo va a hacer. Te vas a acabar muriendo igual. Yo soy tú y dejaba el hospital para ir con mi familia los últimos días de mi vida”. Si es que tendrán todos los doctorados que quieran pero la verdad que muy listos no son.

viernes, 11 de noviembre de 2011

A mala hora...

Me encantan los chistes ¿sabéis? Soy la típica persona que podría estar contando chistes durante horas. Me sé de todo tipo; chistes cortos, largos, de gomeros, de médicos, de borrachos, de mariquitas, de locos, del ejército, de pueblo, típicos “un español, un francés y un alemán”, gore, etcétera. Siempre aprovecho una buena oportunidad para contar un chiste que venga al tema, pero existe un género que la verdad, me siento muy vetado a la hora de tirar de su repertorio. Cómo no, el género del que hablo es el de los chistes machistas.

Yo no soy machista que conste, pero me gustan mucho los chistes del estilo. Valoro los chistes por su capacidad para hacer reír y no porque desprestigien a las mujeres (si desprestigiaran hombres me reiría igual), pero esto es una cosa que parece que mis amigas no acaban de comprender.

He estado muchas veces en la situación, de que se me ocurre contarle un chiste machista a un amigo y voy y le suelto con un acentillo andaluz (que siempre da un buen toque) “¿En qué se parece un cepillo de dientes a una mujer? En que cuanto más pasta les echas, más se abren las cerdas” Tras las típicas risas, aparece una amiga salvaje que nos pregunta:

  • ¿De qué se están riendo? - Dice con una sonrisa en la cara

  • De un chiste que me acaba de contar – responde mi amigo mientras yo le hago señas escondidas para que se calle sin muchos resultados.

  • ¿A sí? Cuéntamelo a ver – Me dice ella ilusionada

  • Sí eso cuéntaselo, cuéntaselo – Malmete mi colega, con afán de buscarme un problema

  • Es que... es un chiste machista... uno bastante fuerte - Digo para que sea consciente de a lo que se enfrenta

  • No pasa nada, cuéntamelo anda. Yo tengo buen sentido del humor.

En un momento de debilidad e ingenuidad, decido contarle el chiste en cuestión. Tengo la costumbre de en cuanto acabo un chiste, me río un poco para dar a entender que el chiste se ha acabado e incitar a la otra persona a que se ría también. Pero no os imagináis la cara de gilipollas que se me queda, cuando yo me río al acabar el chiste y me doy cuenta de que ella cambia su cara de “¡Qué ilusión! Me voy a reír mucho con este chiste” a “¡Menudo retrógrado machista de mierda que es este tipo!”. En este punto me doy cuenta de mi error y empiezo a excusarme:


  • Mujer, es un chiste. Yo no soy machista, es sólo para reírnos un poco

  • Reírte de las mujeres ¿no?

  • Bueno, las mujeres son en blanco en este caso, pero vamos que es una broma, no hay que tomárselo a pecho.

  • Pues en las bromas siempre hay parte de realidad, y si no fuera por una mujer tú no estarías aquí ahora mismo (obviedades al poder). Eres un machista y un prejuicioso.

  • Un momento, vamos a ver si nos entendemos. Lo que yo digo es que...

  • No pienso seguir escuchando tus comentarios de ultraderecha ¿sabes? A partir de ahora no me hables. Es más, exijo una compensación por los daños que has causado todos estos años contando esos chistes por ahí. Una compensación ¡de sangre! ¡Me comeré tu corazón!

  • ¡Aaaghhh! ¡Qué alguien venga por favor! ¡Sálvenme! ¡Necesito ayuda! - Grito desesperado mientras mi amigo corre para evitar ser él la siguiente víctima.

Así suelen acabar generalmente estos encuentros, con mi corazón devorado por una mujer caníbal, que al contrario de lo que dijo no tiene sentido del humor, y mis amigos dejándome tirado mientras agonizo en el suelo. Bueno, puede que esté exagerando o haya “maquillado” un poco la verdad como me gusta decir, pero los telediarios lo hacen muy a menudo para conseguir audiencia y nadie les critica...