sábado, 19 de enero de 2013

Crítica a personas que tienen impedida o entorpecida alguna de las actividades cotidianas consideradas normales, por alteración de sus funciones intelectuales o físicas, pero que están en disposición de una integración a la sociedad correcta siendo capaces de realizar trabajos de todo índole y circunstancias con las modificaciones necesarias en su entorno.



 (Suelo publicar un tweet cuando he publicado una entrada, pero me da que con semejante título no me cabrá el mensaje)

Parece que a la gente le gusta corregir. Hoy en día hay que andarse con pies de plomo cuando hablas por ahí con cualquiera. Ni a un amigo de toda la vida le puedes soltar un comentario en plan “Mira que cada vez salen más moros en las noticias”, sin que te suelte el típico sermón de que no todos los africanos son moros, ni los árabes, ni los negros, ni los musulmanes, ni la madre que los parió. Y así, sin quererlo ni beberlo recibes un adoctrinamiento de unos diez minutos (diez minutos que se transforman en media hora si le discutes) en diferenciación de sociedades africanas por no usar la terminología correcta, que a lo mejor tú ya sabías, pero que pasabas olímpicamente de aplicar a tu lenguaje coloquial porque estabas en confianza y con la guardia baja.
Más de un problema y una tarde de discusión acalorada con una amiga que estudiaba trabajo social, me he ganado yo por decir cómicamente “maricón”, “furcia” o “gitano” en un ámbito incorrecto (que parece que uno no puede hacer chistes ya). Pero nada de eso se compara, a la polémica que genera la bomba atómica de este tipo de palabrejas. La palabra minusválido.
Yo, a esas personas que tienen algún tipo de movilidad reducida o limitación, ya sea física o mental, no le tengo más amor ni más odio que el que le tengo al resto de gentuza que habita en este planeta. No los discrimino en absoluto, ni para bien ni para mal. Por eso cuando estoy hablando tranquilamente, y pronuncio por algún lado la palabra minusválido, no os penséis, amantes de corregir al prójimo para quedar por encima, que lo hago por ofender o por ignorancia. No, señor. Lo hago, por un lado, porque es una palabra que el uso continuado la ha adherido fuertemente a mi diccionario personal, y por otro, porque me da la gana.
Y yo ya sé que minusválido se compone de la preposición latina minus que no hace falta ser un genio para saber que significa menos, y que viene a referirse algo como “menos válido”, me lo habrán dicho ochenta veces. Y junto a eso, la retahíla de argumentos que vienen detrás de que ellos no son menos que nadie, que pueden ejercer cualquier labor perfectamente, que no se les puede faltar el respeto de esta manera a las personas, que son PERSONAS (muchos lo ponen así, en mayúsculas, para hacerte el favor de que si andas despistado no te saltes la palabrita) con sentimientos y derechos. Vamos, que la mitad de España no sabe lo que significa “Alea iacta est”, pero ten cuidado con usar la palabra minusválido, porque a la hora de increpar todos sabemos latín, y cualquiera se siente herido.
Luego, como si te estuvieran ayudando a tener una vida más plena y satisfactoria, te dicen que el término correcto es personas con discapacidad. Pero quedaos con la copla, que os cito Wikipedia “términos como "discapacitados", "ciegos", "sordos", etcétera, aun siendo correctamente empleados, pueden ser considerados despectivos o peyorativos, ya que para algunas personas dichos términos "etiquetan" a quien padece la discapacidad, lo cual interpretan como una forma de discriminación”. Echa el freno, madaleno, que no he entendido eso. O sea que si quieres ahorrarte segundos de tu vida, como has hecho siempre con facul, biblio, resi, cole, disco y demás abreviaturas, diciendo discapacitado, irás derechito al infierno, pero si dices persona con discapacidad, quedas exculpado al canto.
Menuda gilipollez, cuando vas a cualquier diccionario como la RAE mismamente, y buscando discapacidad te sale “Cualidad de discapacitado”, y una vez en discapacitado encuentras ya la definición completa. Y es que no se trata de una cuestión de semántica, sino del afán que tienen los españoles de creerse Che Guevara y montar una revolución por una tontería.
Y es que cada vez más, hasta una charla vacua es como ir pisando un campo de minas. Menos mal que mi blog no lo lee nadie y puedo apelar a mi libertad de expresión y quedar como un capullo llamando a quien me de la gana moro, negro, maricón o discapacitado. Joder.

viernes, 4 de enero de 2013

Crítica Intuición femenina

¿Qué opinais sobre la intuición femenina? Ese ente mágico y misterioso, que es como la democracia en nuestro país, nadie sabe exactamente como funciona aunque más o menos sabes lo que hace, y a efectos prácticos, pues nadie cree que exista realmente. Pero bueno, como siempre, esto es sólo un párrafo introductorio al verdadero tema que no tiene nada que ver con la intuición femenina. Lo puse porque era un título con gancho para llegar a la cuestión que voy a tratar, que sí que tiene que ver con intuir y con féminas. La intuición de la que escribiré es realmente la del hombre y el pensamiento que tienen las mujeres sobre su capacidad adivinatoria.

Yo creo que las mujeres realmente poseen esa intuición adivinatoria que les permite saber exactamente lo que están pensando los hombres. Claro, que tampoco es muy difícil saber lo que piensa un hombre. Yo también tengo ese superpoder. Si alguna vez os lo preguntan decid "follar" y en el noventa y nueve por ciento de los casos acertaréis (sobre el otro uno por ciento la respuesta es "nada" ¡o sea que dejad de insistir cuando os lo digamos!). Pero es que en la situación inversa... ¿qué queréis que os diga amigas sobrantes de alelo? Es muy complicado saber qué queréis, y si no nos lo decís alto y claro, pues todavía peor.

Es fácil para ellas, que tienen la evidente tarea de adivinar qué se nos pasa por la cabeza, pensar que nosotros podemos hacer lo mismo a la inversa. Así surgen situaciones típicas como:

Hombre - Te noto rara ¿te pasa algo?

Mujer - ¿A mi? ¿Qué va! - El sujeto se cruza de brazos y desvía la mirada hacia otro lado.

Hombre - A ver ¿Qué te pasa?

Mujer - ¡Tú sabrás!

Hombre - ¿Cómo que yo sabré? ¿Cómo quieres que lo sepa si no me lo dices?

Mujer - ¿Seguro que no lo sabes? Piensa a ver...

Hombre - ¿Pensar en qué?

Mujer: ¡Hazte el sueco ahora! Me tienes cansada ya. ¡Déjame en paz! - Hace mutis hasta abandonar la sala dejando a su compañero con esta cara:




Y que conste que no discuto la raíz del enfado de nuestra amiga. Quizá ese ficticio compañero se olvidara de su aniversario, cumpleaños, santo o mentruación, pero la cuestión es que él no tiene ni idea de por qué están discutiendo en ese mismo momento. Los hombres no sabemos qué pasa por lo que para nosotros es el torbellino de pensamientos y emociones que respresenta el pensamiento femenino. Repetiré la ya muy usada frase de "Los hombres somos simples" cuando no queremos follar, queremos jugar a la consola o estar echados en el sofá viendo la tele tranquilitos. Somos de un estilo de vida que contra menos angustias nos proporcione, pues mejor.

Y es que es fácil para nosotros, que somos de actitud simple y predecible, pensar que ellas actuán siguiendo nuestros mismos intereses. Así surgen situaciones típicas como:

Mujer - Cariño ¡hoy tenemos noche especial!

Hombre - ¡Me encantan las "noches especiales"! - pronuncia con tono juguetón

Mujer - Sabía que al final te gustaría.

Hombre - ¡Muchísimo! Incluso podríamos adelantarla un poco ¿no te parece?

Mujer - Pues buena idea. Llamaré a mis padres para decirles que en vez de solamente cenar, pasen aquí todo el día. ¡Eres un cielo!

Hombre - Pero... si... yo quería... - El sujeto altera de súbito su rostro a algo parecido a:


 

Los dos ejemplos que os brindo desvelan cual es el problema. Nos lo dice el refranero español "Cree el ladrón que todos son de su condición", así nosotros pensamos que ellas son víctimas de nuestro vaguerío, y ellas piensan que nosotros podemos intuir en todo momento lo que se les pasa por la cabeza, y eso no es verdad. Que quede claro de una vez por todas, no tenemos ni idea sobre mujeres, y yo creo que ni las propias mujeres tienen idea sobre mujeres.

lunes, 17 de diciembre de 2012

Crítica: Está de moda ser culto

 (¿No os despista leer con el humo del mono moviéndose en vuestro campo de visión? No me gusta eso, pero está tan guapo el mono... y es tan conveniente para el escrito...)

Te lo digo directamente, sin metáforas ni rodeos. Al igual que antes la gente se vestía con pantalones de campana, camisas de flores, se montaban en sus volkswagen y se liaban a fumar porros (aunque esto último ha existido de toda la vida de Dios), ahora si tienes gafas, pones en tu tablón de facebook que te gustan los cuadros de Dalí y subes fotos retocadas en el photoshop y sacadas con tu reflex de quinientos pavos en modo automático, tienes que ser muy tonto para no pillar cacho con alguna otra ignorante de tu estilo. Pero bueno, yo siempre he dicho que a mi la vida de los demás, mientras no te dediques a matar o a violar peña por ahí, me la reflanflinfla. Me da igual que te regocijes en tu mediocridad y te sientas importante contando los me gusta de las fotos que compartes. Pero como persona humana que soy, me gusta reírme, y como español que soy, me gusta criticar al vecino, y tú me lo pones muy fácil, amigo.

 No puede uno estar tranquilo en el ordenador (porque uno de los grandes culpables de todo esto es la facilidad de internet, que ya lo dije en su momento) sin recibir trescientos comentarios tipo "Escucha mi nuevo tema que te va a gustar ;)". Así, con un guiño en plan soy tu colega de toda la vida pero hago como que no te conozco cuando me cruzo contigo en esa aburrida vida real, o "He actualizado mi galería de fotos, échale un vistazo a ver si te gustan". Amig@, cuando te publiquen tus fotos, escritos, poemas o canciones en alguna parte, habrán pasado el filtro de selección que poseo para poder prestarles un minuto de mi para nada ajetreada vida.

Y no se crean que huyendo del mundo virtual están a salvo, no señor. Hay muchos de estos especímenes en nuestra sociedad. No sólo operan en facebook, tuenti, twitter, google+, Myspace, tumblr, flickr, blogspot, instagram, Hi5 y demás secuestradores de vida que la red de redes posee, también incluyo al cani que pone la música a tope cuando pasa con su renault 4 tuneado por el barrio, ahí, que la gente vea que te has comprado el último disco de Héctor y Tito, o al que pone el volumen de su equipo a tope y abre puertas y ventanas para que todo el vecindario pueda disfrutar de un poco de bacalao a las diez de la mañana (evidentemente una hora de dormir). La cuestión es la misma. Difundir los gustos personales a todo quisqui. Mira lo que escucho, qué bueno es y qué buen criterio tengo. Pues eso es lo primero que te falta, amig@, criterio.

Porque lo primero que haces es vomitar. Le vomitas tus "obras de arte" a todos tus conocidos esperando que, entre que tienes dos mil cíber amigos y escupes setecientos trabajos al mes, alguno habrá que haga el epopéyico esfuerzo de dedicarte un "me gusta". Pues no, amigo. Esto no es una cuestión de probabilidad, o no debería serlo. Porque seguro que entre tu "círculo" de "amistades" encontrarás algún otro cateto que no le choquen las neuronas lo suficiente como para discernir entre tus dibujos de naruto y La persistencia de la memoria, y te diga algo como "Me encantan tus cuadros, sigue así y llegarás a ser un gran artista algún día", por supuesto, la ignoracia confunde excelencia con mediocridad.

Pero bueno, es fácil ser un artista en internet, por eso hay tantos. La red te pone los medios y materiales que necesitas, y a la vez te evita estar presente para recibir los tomatazos. Aunque, bueno, quizá me equivoque. Quizás no haya tanta gente con falta de vergüenza y autocrítica por ahí. Puede que lo hagan... simplemente para molestar, para joder. Hay mucha calaña de ese estilo en este país. Sin embargo, yo soy de esos ilusos que piensan bien sobre la voluntad ajena. Aplico normalmente la navaja de Hanlon, que dice "Nunca atribuyas a la maldad lo que puede ser explicado por la estupidez". Y estupidez no nos falta...

martes, 11 de diciembre de 2012

Quizá nunca leas esto. Igualmente te lo dedico.

Últimamente me acuesto muy tarde. Es por culpa de que salgo mucho de fiesta y me encanta dormir hasta las cuatro de la tarde si hace falta (ahí, fusionando el dormir con la siesta). Ese placer de estar en la cama sintiendo como el calor te arropa y no hacer nada con tu vida, es lo mejor que hay en el mundo, y si encima te has saltado dos o tres clases, ni te cuento. Pues cuando uno se queda despierto hasta las cuatro, cinco o seis de la mañana, pues tiene que buscar algo en lo que ocupar su tiempo "libre", y la verdad que no sé si es por la nostalgia o lo taciturno que me pone la noche estrellada, que me da por mirar fotos.

Veo fotos de muchos tipos. Básicamente, porque me encanta huronear, como la vecina chismosa del segundo que se asoma por la mirilla el busca del último cotilleo de la pareja de en frente, y la verdad que con el facebook lo hace maravillosamente fácil, tan fácil, que a veces tengo una sensación de saturación sentimental que ya no sé si sentirme bien, mal, melancólico, alegre o yo qué coño sé.

Al contrario que muchos jóvenes a reventar de hormonas (y otros no tan jóvenes), no suelo buscar fotos de mujeres que toman por estudio fotográfico el baño de su casa y adoptan posturas de películas porno, apoyadas contra la pared con el culo en pompa, en plan "Éste es mi culo, sí. Y con esta foto dejo claro que es menos privado de lo que te piensas". Realmente me van más las fotos que ofrecen expresiones y mensajes. La foto de una sonrisa en la playa, de un paseo por un puente o haciendo el idiota con los amigos.

Pero últimamente suelo acabar siempre en el mismo sitio, fisgoneando siempre el mismo facebook. Uno cuyas fotos me encanta. Porque rebosa tanta alegría que sale de la pantalla, te escupe en la cara y acabas pensando "Si la mitad de la gente fuera la mitad de feliz que esa mujer, este jodido mundo sería un lugar mejor". Me parece tan inocentemente feliz, que me motiva a levantarme de la cama a las seis de la mañana, teniendo clase dentro de cuatro espeluznantes horas, a encontrar un poco de inspiración y escribir.

Espero que ningún problema, ni ninguna mal nacido te robe nunca la felicidad que tan naturalmente sabes contagiar.

jueves, 6 de diciembre de 2012

Crítica: Una señal contradictoria

Pues resulta que un día, sin quererlo ni beberlo, te sorprendes a ti mismo teniendo una charla con Sara, Lola, Angustias, Rigoberta o como demonios se llame la chica que te gusta de tu clase. Tú le cuentas algún chiste que le saca la risa, y ella sorprendetemente no te habla de como su ex-novio se la metía sin vaselina, todo lo contrario, comparte contigo buenas anecdotas de algún viaje e historias locas de borrachera. Vamos, que estás hablando con ella a gusto, tan a gusto que empiezas a ser optimista y mientras disimulas como le miras las tetas piensas "Coño, pues quizá acabe follando y todo".

Todo va bien, hasta que sucede un evento que te deja patidifuso. Tú acabas de soltarle un comentario gracioso y ella mientras con una mano se tapa la cara de la risa, con la otra te propina un puñetazo en el hombro que ríete tú de las hostias que se dan los de Smack Down, y continúa riéndose como si no hubiera pasado nada. ¿Y qué haces tú ante tan fortuito evento? ¿Te enfadas? ¡Error! Porque si te enfadas luego quedas tú como un antipático. Sí, querido lector, esas son las contradicciones que rigen nuestra sociedad. Si te enfadas después de que te pegue una hostia alguien que se está riendo, el malo eres tú. Porque claro, que te peguen es una cosa super divertida y super graciosa, los boxeadores gozan de una salud exquisita gracias a la risoterapia que su profesión les aporta. Así que sigues con la conversación tranquilamente disimulando todo lo que puedes el dolor de tu brazo, pero con los cinco sentidos en alerta por si acaso se le vuelva a ir la pinza, poder esquivar el siguiente ataque.

Aceptas este hecho como un brote más de la para ti incomprensible actitud que las mujeres tienen, hasta que un día cualquiera hablando con alguna amiga, te dice que a aquella chica le gustabas.
Yo - ¿Cómo le voy a gustar? Si me pegaba cada dos por tres.

Amiga aleatoria - Serás tonto. Si una chica te pega es síntoma de que le gustas.

Y ahí queda la cosa. Como si fuera totalmente normal pegarle a la gente que te mola. ¿Por qué lo hacen? ¿Le zurrarán también a sus padres cuando llevan tiempo sin verlos? Pues en las bodas en vez de acabar llorando acabarán a tortazos limpios. Menos mal que no llegó a enamorarse de mi porque me hubiera soltado una paliza tranquilita. Si es que yo sabía que las relaciones sociales con las mujeres no siguen las leyes de la lógica, pero tampoco me podía imaginar que pegarle a alguien fuera un acto de cariño. Si al final los maltratadores sí que van a estar diciendo la verdad con eso de que la querían, lo que pasa que la querían demasiado ¿no?

¿Qué queréis que os diga? A mi eso de estar recibiendo porrazos no es que me agrade demasiado, ni aunque vayan con todo el cariño del mundo. Aunque si uno tiene que hacerlo para follar, pues vale, pero que me firmen primero un papel con la cantidad de hostias a recibir en relación a la cantidad y calidad de sexo que voy a obtener. Que no me la juego cortejando a una mujer que atiza más que el padre de Michael Jackson para luego quedarme con dolor de huevos, no señor. Y es que se nota que tratar con mujeres, es una relación amor-odio-dolor de hombro.

domingo, 25 de noviembre de 2012

Crítica Triolade

Despues de tres milenios sin publicar, se me ha aparecido un ángel que me ha dado una chispa de inspiración para escribir, un ángel en forma de tableta de chocolate.

Seguro que has estado en casa de algún amigo, charlando con tus típicas amistades, cuando de repente, sale a relucir la conversación sobre comida. ¿Por qué sé que has estado en esa situación? Esa pregunta tiene simple respuesta, los hombres sólo hablan de dos temas de conversación, comida y mujeres (se incluye el follar dentro del tema de las mujeres). Pues una cosa lleva a la otra, y sale alguien que suelta algo como:

Amigo A: A mi el chocolate me encanta.

Amigo B: ¡Joder! El chocolate negro está buenísimo.

Amigo C: ¿El negro? El blanco es el mejor.

Amigo A: Seréis hijos de Satanás... el chocolate con leche es con diferencia el más rico.

Amigo B: ¡No tenéis ni idea! El chocolate negro es una delicatessen.

Amigo C: Tú si que no te enteras de nada, subnormal.

Amigo A: ¡A mi no me hables así!

Amigo C: Te hablo como me da la gana, a ti, y a ti también.

Amigo B: ¿Cómo? ¡Ahora verás!

Y así se rompen amistades de años y años de cultivo. ¿Por qué se pelean? ¿Qué les ha pasado? ¿Cómo puedo evitar que esto me pase a mí, señor Pictures of Home? Pues para eso estoy escribiendo esto,  para mostrarte la solución definitiva al debate sobre qué chocolate es el mejor (por eso y porque tengo que hacer tiempo hasta que mis amigos vengan a buscarme para salir de fiesta).

La respuesta es muy simple, ninguno. Todos gozan de su exquisitez personal. Pero existe un tipo especial, un inovador invento que Milka ha creado para deleitar los mejores paladares chocolateros, y que supone el fin de las discusiones como la anteriormente escrita, y el acabose en cuanto a tabletas de chocolate se refiere. Ha llegado como caído del cielo para saciar nuestra hambre y favorecer la unión entre todos los chocolateros, sean del tipo que sean, el divino Triolade.

¿Y por qué es el mejor? Pues porque como su propio nombre te habrá dado a sospechar (eres un lumbreras), contiene los tres tipos de chocolate, ofreciendo una maravillosa combinacion del mejor sabor de cada uno. Con unas exactas proporciones, podemos observar como el equipo de Milka pone en nuestras manos no sólo un delicioso producto, sino que se dignaron a ofrecer una presentación que se describe, desde grométricamente trabajada, hasta trasfondística, al dividir la tableta en triángulos, a pesar de tener opciones más simples como cuadrados o rectángulos, imitando al resto de las tabletas. Un detalle innovador con el que han sabido agradar al público y que sin duda el buen gourmet no pasará por alto. Exquisita calidad tanto por dentro, como por fuera.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Crítico juegos variados

El lector asiduo al blog, sabrá que soy muchas cosas, entre las que podemos destacar, quejica, borracho, curioso, fan de los chocoflakes, enemigo número 1 de las pasas con chocolate, y alguna que otra más que no me viene ahora a la cabeza. Pero hay una gran parte de mi personalidad que no ha quedado plasmada en ninguna de las entradas que he redactado, la de jugador competitivo.
Me encanta jugar, a las cartas, juegos de mesa, juegos de agilidad, juegos deportivos, etc. Y contra más complicado de jugar, difícil de entender e intrincado reglamento, más me gusta. Pero sobretodo disfruto de la competición en todo lo que juego. No es que sea de esos que no les gusta perder ni a las chapas, sino que si se puede establecer un sistema de clasificación para poder averiguar cuál de todos los jugadores es el mejor ¿por qué no usarlo? Es un punto picante que se le añade  al juego para que la gente se esfuerce más en conseguir la victoria, como las apuestas (que también me encantan). Y por supuesto siempre se disfruta de los comentarios humillantes hacia tus rivales “¡Menuda cuerada te acabo de pegar!”, “¡Serás gitano!”, “¡Chiquito baño! No me diste ni para empezar”, “¡Mi equipo le dio un palizote al tuyo! Normal, tenéis menos fondo que una piscina de niños chicos”.
Todo lo comentado anteriormente me dispara la adrenalina, pero he de decir que no todos los juegos son tan interesantes. Por desgracia, la mayoría de la población no comparte mis gustos hacia la competición y los juegos complicados, y en muchas ocasiones me veo obligado a participar en juegos que la verdad… dejan mucho que desear. Por eso mismo, para demostrarle al mundo mi indignación, y porque todavía me quedan unas dos horas de aburrimiento en el barco, he decido hacer una lista con lo que considero que son los cinco peores juegos que ha creado el hombre. Ahí va.

5º Posición: El Risk.
Le tengo un odio especial al Risk. La gente no lo comprenderá, pero yo soy enemigo número uno de los dados. Los dados proporcionan aleatoriedad a un juego, y todo lo que es aleatoriedad se transforma en suerte, y la suerte es la antítesis de la estrategia. Por eso mismo, cuando tienes tu cañón, tus dos caballos y un par de soldados en Brasil, dispuestos a atacar a una muy mal defendida África, que cuenta con una triste infantería, se adueña de ti un morboso pensamiento imaginándote las tropas enemigas desmembradas sufriendo el yugo de tu implacable ataque. Pero rápido se te despeja esa cara de sádico macabro cuando tu rival empieza a sacar seises aniquilando todo tu ejército tirada tras tirada, dejándote con una sensación como cuando el mecánico te clava doscientos euros por cambiarle las ruedas a tu coche “Me acaban de estafar, y no puedo hacer nada para evitarlo”. Por eso mismo, el Risk doesn’t rule.
4º posición: El Uno.
Os juro que no lo entiendo ¿Qué le ve la gente al Uno? Sólo hay dos opciones tácticas en el juego, echar carta, o no echar carta, fin. Y encima es el típico juego que cuanta más gente juega, peor es el juego. Los turnos se hacen esperar infinito, tu acción depende únicamente del jugador anterior a ti, y para mayor desfachatez, después de estar cinco minutos esperando porque han cambiado el sentido del juego unas sopotocientas veces, llega uno y te tira una carta que te impide jugar tu próximo turno. Yo he jugado partidas al Uno en las que he perdido sin poder tirar ni una sola carta… deprimente.
3º Posición: El juego del siglo
El juego del siglo, es uno de los muchos regalos malísimos que me ha hecho mi madre por reyes. Se trata de un juego de mesa que mezcla el trepidante mundo de las apuestas... con preguntas sobre la historia del siglo XX. Súper interesante. Teniendo en cuenta que cuando me lo regaló tendría yo dieciséis o diecisiete años, no tenía ni idea de historia y encima era la asignatura que más odiaba en el instituto, por lo que el juego no pintaba muy allá, pero por no romperle la ilusión a mi madre me eché un par de partidas para posteriormente dejarlo aparcado encima del armario durante años. Os diré que en las partidas que me eché, salieron muchas preguntas de historia de aquella caja, pudimos haber formulado unas treinta o cuarenta preguntas en total, y sólo vi responder correctamente ¡una sola pregunta! ¿A quién se le ocurre regalarle un juego de preguntas de historia a un adolescente? Yo quería una bici, maldita sea.
2º Posición: El bingo.
Al contrario de lo que muchas señoras mayores me digan, el bingo no debería existir en este mundo. Analizadlo detenidamente, es un juego en el que la acción del jugador consiste solamente en tachar números de un cartón, y ni siquiera puedes elegir tú todos los números. Es aleatoriedad en su máximo esplendor. Más fácil y eficiente sería que todos los jugadores cogieran un único número y tiraran una única bola, o si te me vas a poner maniático con que mi método no tiene cabida para la “línea”, pues se tiran dos bolas y punto. ¿Por qué creéis que sólo van las abuelas al bingo? Porque son gente sin criterio sobre los juegos. Bueno, conozco jóvenes que van al bingo antes de salir de fiesta, pero eso es porque las copas están baratas.
1º Posición, el juego más odiado es… El cinquillo
Una amiga me dio un consejo sobre escritura una vez, me dijo que intentara no usar palabrotas porque rompen un poco al lector. Mucha razón tenía, pero me siento incapaz de no insultar al cinquillo, o sea que siento que no vaya a quedar un texto fácilmente digerible. Este juego es una puta mierda. Es una basura, y por desgracia, es el juego favorito de mi familia. En todas las reuniones familiares aparece mi tía con una baraja diciendo “¿Quién se echa un cinquillito?” Así, con diminutivo para que suene como más divertido o qué sé yo. Y lo que me sorprende es que la gente acude a su llamada, “¡Qué bueno!”, “Pues tengo ganas de cinquillo” dicen mientras yo los miro con desaprobación. Es como el Uno, pero peor, porque tu mano es la misma desde el principio, ni siquiera puedes robar nuevas cartas. Como te toque póquer de reyes y unos, despídete de la victoria. Es el único juego que entre aburrirse el resto de la eternidad flotando en la nada absoluta, y jugar al cinquillo, prefiero la opción A. Creador del cinquillo, suicídese por todo el mal que ha proporcionado a este mundo, por favor.